Mohammed, el hombre del desierto.

Viajamos de nuevo hasta Merzouga con idea de fotografiar la noche del desierto.

Todos los que lo han visto hablan de la magia de ése cielo de limpieza incomparable, pero en nuestro primer viaje hasta allí, una tormenta nos hizo evacuar el campamento de jaimas y no hubo forma de ver una sola estrella.

Pero otra vez, las nubes nos iban a impedir ver las famosas estrellas del desierto.

Entonces, después de los timbales, las canciones, después de acostar a los niños, Mohammed ofreció sentarse con nosotros y compartir su te.

Mohamed es un hombre del desierto.

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Un tuareg criado junto a sus 10 hermanos entre los pedregales y mares de arena de la frontera entre Marruecos y Argelia. Como la mayoría de los nómadas, Mohamed nunca fue a la escuela. No sabe leer ni escribir y recuerda que la primera vez que vio a un turista sintió miedo. Mucho miedo de esas personas que atravesaban su tierra a toda prisa en sus potentes todoterrenos.

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Pero con el paso de los años el miedo se transformó en curiosidad y hoy trabaja guiando caravanas de sus adorados camellos cargados de turistas hacia los campamentos de jaimas en medio de las dunas.

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Mohammed habla, o al menos se hace entender, en 5 idiomas. Los ha aprendido compartiendo su te con los turistas que han querido escucharle.

Esa noche compartió con nosotros esa sabiduría de la vida sincronizada con la naturaleza.

Nos habló de la dureza de la vida nómada, en especial en verano, cuando el calor y las tormentas de arena se hacen insoportables y no hay momento de descanso.

Ahora es feliz. Disfruta de una vida dura pero tranquila.

A través de las conversaciones con los turistas viaja a tierras lejanas que sabe que nunca conocerá.

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Oye hablar de una crisis que no entiende en boca de viajeros que tienen todo lo material de lo que él carece.

Allí le dejamos, con sus sueños de viajar aunque los tuareg no emigran, pues pertenecen a la tierra de sus antepasados.

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Afortunadamente aquella noche había nubes y la compartí con Mohamed. Recordaré tanto su figura caminando entre las dunas como sus palabras:

“Vive tu vida y usa tus riquezas. Ambas son cómo la arena. En cualquier momento se las lleva el viento”.

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